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Este documental lo dejó mi querida Beat hace varios meses en la inactiva carpeta de mi Dropbox. No miento al decir que no había tenido oportunidad de verlo. Justo ahora lo estoy viendo, y tuve que detenerme a escribir este post. Me encanta cuando las cosas que no se supone que te hagan llorar, lo logren de forma inesperada.
Sí. Hoy se producen en masa millones de objetos de consumo masivo que terminan convertidos en basura en poco menos de años e incluso días de haber sido fabricados. Y sí, existe un peverso entramado de corporaciones apocalípticas que seducen a entregarnos a una orgía de consumo para enriquecer los bolsillos de los eslabones más altos de la cadena alimenticia del capitalismo.
Pero también es cierto -y sé que aquí en Tumblr me entenderán cuando lo digo- que enamorarse de un objeto, más que consumismo balurdo, puede ser también un acto que eleva el espíritu.
El objeto es la materialización de la idea en su expresión más tangible, y cuando ese objeto es diseñado a partir de la reflexión del hombre y su histórica necesidad de funcionalidad y estética, es sencillamente una obra de arte con un fin utilitario.
Tengo tantos objetos alrededor que me producen felicidad, auténtica, felicidad, con sólo verlos lucir perfectos en sus estantes… Diariamente, vivimos en un tácito juego de emociones producidas por objetos que injustamente son llamados inanimados. Es cierto que no se mueven, pero créanme que muchos de ellos están más vivos que muchas personas que conozco. Cuentan historias, hablan, acarician, retan, besan con metáforas visuales.
Sin intención de hacer una apología al materialismo (y admitiendo que me encanta hacer apologías sobre lo que todo el mundo critica) no es justo satanizar el amor por los objetos o el deseo por cosas nuevas. Todos lo sentimos, simplemente que somos pocos quienes nos atrevemos a admitirlo. El gran reto deben afrontarlo los diseñadores industriales, que hoy tienen la responsabilidad de que sus creaciones no sean simplemente útiles y bellas, sino también responsables con el medio ambiente… Porque de lo que no queda duda es que fabricar cualquier cosa tiene un costo ecológico para el planeta.
Cada profesión tiene su karma. Supongo que ése es el que le tocó pagar los diseñadores industriales.
Xtina
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